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viernes, 25 de noviembre de 2011

LA INIQUIDAD. Tomado del Libro de Ana Méndez www.voiceofthelight.com

Etimológicamente esta palabra quiere decir “lo torcido”. De hecho es lo que se tuerce del camino recto y perfecto de Dios. El origen de la iniquidad se encuentra en la caída de Luzbel. Surge en el momento en que el arcángel lleno de belleza y perfección da cabida a un pensamiento que se desalinea de Dios. Y empieza a creer en algo diferente y opuesto a la justicia divina. Ahora bien de la misma manera en que la fe es “La sustancia de lo que se cree”, es decir, el poder que activa el mundo invisible de los cielos, este pensamiento torcido dentro del corazón del Arcángel también produce una sustancia espiritual, que origina la maldad.(p.13)
“perfecto eras en todos tus caminos desde el día en que fuístes creado, hasta que se halló en ti maldad” Y luego dice: “Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu santuario” Ezequiel 28:15-18
La maldad es la semilla diabólica que origina todo mal. Se transmite al hombre desde su nacimiento y se impregna en el corazón con pensamientos e intenciones opuestas a la justicia, a la verdad, al amor y a todo lo que es de Dios.
La iniquidad es la suma de todos estos pensamientos torcidos, o la suma maldad del hombre. La iniquidad se impregna en el espíritu del ser humano en el instante de la concepción del embrión. Es en este momento que toda información, o herencia espiritual de maldad es establecida.
La iniquidad es lo que la biblia llama el cuerpo de pecado. Al avanzar en estas líneas veremos cómo la iniquidad forma parte del cuerpo espiritual dentro del hombre y como afecta su comportamiento, la estructura de sus pensamientos y aún el estado de salud del cuerpo físico.
El cuerpo de pecado se origina en el espíritu e invade el alma y el cuerpo como un lodo que lo ensucia todo. Es a través de la iniquidad que el maligno permea el corazón del hombre, para poner en él todo tipo de deseo perversos y pecaminosos. A esto se le llama concupiscencia.
“….porque yo soy Jehová tu Dios, que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen……” Éxodo 20:5
Dios no esta visitando el pecado, sino la iniquidad. El pecado es tan solo el fruto de la iniquidad, es la parte superficial y visible de algo que está profundamente arraigado en el ser humano. El pecado son las ramas, lo exterior de un gran árbol que viene creciendo y robusteciéndose de generación en generación, La iniquidad es la verdadera raíz de donde surge el mal en nosotros y es ahí donde debemos echar el hacha.
La gran mayoría de los creyentes confiesan sus pecados a Dios, pero jamás le han pedido que borre sus iniquidades. Por esta causa siguen padeciendo la consecuencia de terribles maldiciones, o de enfermedades familiares incurables, destrucción familiar, divorcios, accidentes y tragedias que no deberían ocurrir estando bajo la protección de un Dios todopoderoso.
Es lo que dice en Isaías 53:4, 5, 10 y 11 “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores…..” “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestras iniquidades, el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros sanados”
Una gran parte del Cuerpo de Cristo se limita a recibir la salvación de sus pecados, pero viven vidas llenas de enfermedades, de dolores emocionales y físicos. Están atrapados en cárceles del alma y del espíritu, y sobre todo, sufriendo el continuo padecimiento de llevar a cuestas su iniquidad.
Jesús hizo una obra completa para que viviéramos una vida de plenitud con él.
Sin embargo, si no entendemos cómo estamos conformados, espiritual, anímica y corporalmente y cómo la victoria de la cruz se aplica a cada una de estas áreas; nunca veremos su total triunfo en nuestras vidas.
En ocasiones el creyente busca seguir a Dios con todo su corazón, pero hay un estorbo del cual es consciente y no sabe como luchar en contra de él.
El rey David reconoce esta situación que lo arrastra al mal luego de hacer el adulterio con Betsabet. El tiene un claro entendimiento de lo que le ha sucedido y en su oración se dirige a la raíz del problema. Vemos como la luz del Altísimo le permite ver nítidamente la diferencia entre iniquidad, rebelión y pecado. Él entiende que la razón de su forma pecaminosa d actuar es mucho más profunda que el simple pecado cometido, y escribe:
“Ten piedad de mí oh Dios, conforme a tu misericordia borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi iniquidad, y límpiame de mi pecado”. “Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. He aquí en iniquidad he sido formado y en pecado me concibió mi madre. He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría” Salmo 51:1-6
Aquí vemos cómo la iniquidad es implantada desde el nacimiento y si no es purgada de nuestro ser, alimentará continuamente la vida de la carne enemistándola así con Dios e invadiéndonos de muerte. Las dos simientes está en continuo conflicto hasta que una de las dos muera. Las consecuencias de que la iniquidad no sea desarraigada por completo trae más conflictos que una lucha interna.
Caminar en el Espíritu tiene que ver con desarrollar cada área de nuestro ser Espiritual. Es un caminar sobrenatural y totalmente guiado por el Espíritu de Dios, es la manifestación visible de Cristo en nosotros y la total destrucción del cuerpo de pecado que ya sabemos se llama la iniquidad.
NO ES LA VOLUNTAD DEL HOMBRE LA QUE DESTRUYE LAS OBRAS DE LA CARNE SINO EL ESPÍRITU DE DIOS.
Continuará……………..
¡QUE DIOS LE BENDIGA GRANDEMENTE!

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