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martes, 2 de febrero de 2016

Reflexiones sobre el Movimiento 15M (Espana). Contra la unidad de la miseria. Por: Nicolas, Gonzalez V.

Si el Pueblo delega su Soberanía, la renuncia. Ya no se gobierna: es gobernado… ¡Oh, Pueblo, delega tu Soberanía! Te garantizo un destino opuesto al de Saturno: tu Soberanía será devorada por tu hija, la Delegación. (Victor Considérant, La Solución o el Gobierno directo del Pueblo) Si el Pueblo piensa que es libre, comete un grave error; sólo lo es durante la elección de los miembros del Parlamento; pero apenas elegidos éstos, el Pueblo es esclavo, ya no es nada… los diputados del Pueblo no son ni pueden ser sus representantes; por tanto, no son sino sus comisarios (Jean-Jacques Rousseau, El Contrato Social) Contra la Unidad de la Miseria Decía el situacionista Guy Debord que “el espectáculo es el discurso ininterrumpido del Orden actual sobre sí mismo, su monólogo elogioso. Es el autorretrato del Poder en la época de la gestión totalitaria de las condiciones de existencia. La lucha de los poderes que se han constituido para administrar el mismo sistema socioeconómico es la que se presenta como la contradicción oficial, cuando en verdad pertenece a la unidad real. Bajo las oposiciones espectaculares se oculta la unidad de la miseria”. El sorprendente y rápido Movimiento Social 15M1 (un conglomerado que componen DRY, Acampados, Todos a la calle, #No les votes, Asociación de Desempleados ADESORG, plataforma ATTAC et altri) podría hacer suyas sus palabras: su sola presencia en las plazas de capitales y pueblos de toda España significa el fin de la política burguesa como espectáculo y el primer desafío real a la nueva clase política del sistema desde el siglo pasado. Quizá el golpe mortal contra el rapaz neoliberalismo extremo español sea precisamente la crítica central del Movimiento al complejo capital-parlamentario, el verdadero talón de Aquiles del capitalismo español: el bipartidismo (con sus derivaciones desde la perversa Ley Electoral, la reducción de la dimensión ciudadana al voto-zombie, la falsa división de poderes, el estamento corporativo de los políticos profesionales, etc.). Recordemos que España es uno de los países más neoliberales del mundo junto con Estados Unidos, Holanda y Japón, indicado en su veneración por el Free Market, el constante ataque al mercado laboral, su estructura impositiva cada vez más regresiva, la baja o casi nula sindicalización, las privatizaciones y descentralizaciones, la transformación del gobierno en una asunto de lógica empresarial-gerencial y en el desmantelamiento de la poca cobertura social que heredaba del Estado paternalista del Franquismo y de los logros de las luchas sociales de los 1970’s. El neoliberalismo supone en lo económico un regreso a las prácticas económicas anteriores a la crisis de 1929, son anti y pre-keynesianas, liberándose el capital de las trabas impuestas por el Welfarism, el Estado asistencial y provocando la “financiarización” totalitaria de la sociedad civil. En lo social un cambio de valores culturales, donde el individualismo prima sobre lo comunitario y el interés general. Los valores son automáticamente superpuestos a las virtudes de la figura del empresario sin escrúpulos, el emprendedor, un Self-made-Man inmoral. El neoliberalismo en su segunda ola (encabezada por la segunda presidencia de George W. Bush y la Third Way del laborista Tony Blair en Occidente), se basa en tres pilares fundamentales, en realidad en tres dimensiones: 1) Es una ideología que propugna el autointerés, el egoísmo competitivo, el individualismo metodológico, la descentralización y el homo oeconomicus, una ideología codificada por las elites del poder globalizado, desde grandes banqueros, managers de multinacionales, lobbistas corporativos (Aznar, Felipe González, etc.), fundaciones (FAES, FEDEA, etc.) y Think-Tanks, periodistas influyentes de medios tradicionales, especialistas en relaciones públicas, intelectuales orgánicos al sistema (el llamado complejo “banca-intelectualidad económica”, que incluye la mayoría de las universidades), Celebrities, personajes de entretenimiento mediático, burócratas y altos funcionarios (Banco de España, Banco Central Europeo, altos comisarios de la UE, etc.) hasta la nueva clase de los políticos profesionales. Es en realidad una burda ideología pseudoeconómica que pretende hacer científicos y universales los intereses sectoriales y necesidades estrechas del capitalismo más concentrado, del complejo financiero-industrial. 2) Esta ideología se traduce en un modo corporativo de Governance, en una forma-Estado, que llamaremos “Capital-Parlamentarismo”, es el “Sistema” cuyo mascarón de proa es el bipartidismo imperfecto hermético, que trata de reemplazar el Welfare State por el reaccionario Workfare State. 3) Finalmente, el neoliberalismo es un pack ortodoxo de políticas dirigidas por un centro de gravedad: la lógica del capital (en especial en estos tiempos el financiero) y sus necesidades de nueva acumulación de ganancias, que se sintetiza en lo que se conoce como la dogmática “Fórmula D-L-P”: a) Desregulación (de la economía de posibles y tibias intervenciones desde el Estado); b) Liberalización (del comercio y la industria nacional); c) Privatización (de las empresas y servicios públicos en manos estatales). Los jóvenes han descubierto que la partidocracia, “Capital-Parlamentarismo” como forma-Estado de Governance, tal como la conocemos, no sólo es funcional a la reproducción aceitada de la explotación, sino que es una condición necesaria y absoluta para la supervivencia de este modelo capitalista salvaje de tolerancia represiva, exclusión, precariedad e inequidad social. El resultado final es que España, como lo señala la propia OCDE, es uno de las países de Europa menos redistributivos de la riqueza nacional y, obviamente, uno de los países donde el Estado tiene menos impacto en la reducción de la pobreza y la marginación social. Resultado: la España “capital-democrática” es, junto con Italia, Irlanda y Estados Unidos, uno de los países que tiene menos movilidad social en Occidente. Y aunque ha aumentado la generación de riqueza, resultado del crecimiento de la “productividad” y de los bajos salarios, se ha ido concentrando en los superricos de manera que España es, según el “Luxembourg Income Study” (centro de datos sobre distribución de renta más creíble a nivel europeo), uno de los países desarrollados con mayores desigualdades de renta entre sus habitantes. El coeficiente Gini (que es el indicador de desigualdad utilizado académicamente) de España es 0,315, una cifra sólo ligeramente inferior a la de Estados Unidos (0,372). Una auténtica exhibición de inequidades, injusticias… El Movimiento 15M es de origen múltiple, lo que explica su abanico ideológico y su composición de clase, desde la iniciativa contra la Ley Sinde, pasando por las manifestaciones a favor del juez Garzón, hasta promotores de la Democracia 2.00, impulsores de la Ciudadanía Digital y del Partido Pirata español, de movidas como Juventud sin Futuro o incluso la Plataforma de Afectados por las Hipotecas Imposibles de Pagar. Muchas de las organizaciones de base que componen el Movimiento coinciden en que el 24 de abril de 2010 se sembró gran parte de lo que ahora se cosecha en todas las acampadas cuando se concentraron a favor de Garzón: 30.000 personas hicieron el mismo trayecto entre Cibeles y Sol que se recorrió el domingo 15 de mayo último, pero para protestar contra la impunidad de los crímenes de lesa humanidad del franquismo. O también mencionar el antecedente de Juventud sin Futuro, que como una suerte de ensayo general del 15-M celebrado el 7 de abril de 2011, consiguiendo reunir, contra pronóstico, a 5.000 personas bajo el lema ahora de masas “Sin Casa-sin Curro-sin Pensión-sin Miedo”. A este núcleo básico se le sumaron, con rapidez inusitada en un lapso de dos o tres días, una amplia horquilla social mucho más transversal, popular y clasista. Este es el momento inicial, el del Stato Nascente, el estado naciente de cualquier movimiento social, que se presenta siempre como una experiencia fundamental, generalmente emancipatoria y liberadora, en sí misma metahistórica, y que es una exploración de las fronteras y límites de cierto tipo de sistema social, al fin de experimentar y maximizar los objetivos solidarios y comunes del “nosotros” en un momento histórico determinado. Uno de los rasgos es que se intentan construir nuevos afectos sociales, modalidades de existencia no-utilitarias ni pragmáticas, una escala subversiva de necesidades, totalmente diversa y enfrentada a aquella cotidiana e institucional. Para esta “exploración” colectiva el Movimiento se ve obligado a darse una forma, a autodeterminarse, fijar estructuras-proceso, a devenir en un cierto punto de su evolución en un proyecto concreto e histórico, a fluir y encontrarse con las fuerzas concretas y materiales presentes, y llegar a acontecer en una nueva institución que ha nacido en una dinámica de desestructuración y transgresión. Aunque es muy pronto para analizar al Movimiento con profundidad, podemos realizar algunas observaciones/reflexiones sobre su corta vida desde el 15 de mayo en adelante. Breakdown-Solidarity, una situación pre-revolucionaria El Movimiento 15M es un movimiento social. Parece una obviedad, si con esto entendemos la convergencia de un número vasto de ciudadanos que coordinan sus esfuerzos para resolver un conjunto de problemas comunes. Y esto se deduce de su enorme fuerza como movilización colectiva inédita: tanto por su dimensión (multitudinaria y nacional), por la extraordinaria coordinación entre sus miembros y simpatizantes (con el uso de viejos medios de agitación/propaganda, a lo que se le suman nuevos medios y tecnologías ya no controlados por el Big Brother), la existencia de una agenda de problemas comunes, la orientación a resolver drásticamente esos problemas, su voluntad colectiva (consciente y organizada) por resolver contradicciones en el orden social imperante a través de medios no institucionales pero legítimos y su solidaridad orgánica a prueba incluso de una represión estatal latente o efectiva (como sucedió en Granada y Madrid al principio, y más tarde brutalmente en Barcelona y Lleida). El 15M se encuentra en la primer fase, en el momento del estado naciente, una respuesta destructiva-reconstructiva (el Breakdown, la ruptura) y de indignación moral de una parte del universo social, y casi en un segundo momento el nacimiento de una nueva solidaridad, cuyo eje gravitatorio es una nueva experiencia fundamental (la crisis del Capital-Parlamentarismo español que recae sobre las clases populares o los débiles). Ya no es una mera y manipulable “conducta de crisis” (pánico, protestas pacifistas, jacqueries urbanas, etc.), ya no es una masa acrítica utilizada como “maniobra de Putsch” entre un partido burgués contra el otro, sino que apunta de manera radical a conformarse en un movimiento antisistémico y revolucionario. El 15M es una respuesta basada en la acción colectiva a la democracia restringida y encorsetada, al despotismo del estado, a la disgregación del sistema social, a su legalidad perversa e instituciones funcionales al poder político-económico. La clave del 15M es su particular acción colectiva que es una conducta de lucha, conflictiva, que sobrepasa las normas institucionales de dominio, desbordan las reglas del sistema político y terminan cuestionando la misma estructura de clase de la sociedad española. Hasta el momento la acción colectiva conflictual y el programa mínimo del 15M (consenso de mínimos) se balancea entre ser meramente reivindicativo (se trata de resolver una contradicción dentro de los límites de la organización social, exigiendo o una mejor o una anterior distribución de recursos), polític0 (solucionar con los mecanismos políticos diseñados constitucionalmente ingresando en el “juego político”: regenerar la Monarquía como democracia liberal más perfecta, aceitar un poco la “tolerancia represiva” del sistema) o de sesgo más clasista y emancipador (desbordar los confines institucionales del regimen, de su forma-estado y poner en cuestión las mismas relaciones sociales de dominio). Estas líneas, que buscan su lugar y se entrecruzan o atraviesan transversalmente, pueden verse sin problemas, por ejemplo, en el programa de ocho puntos de “Democracia Real ya!”, en los cuatro ejes de mínimos establecidos por asamblea en la Acampada de Puerta del Sol o en las Demandes de mínims del movimiento de Barcelona. ¿Es el 15M antisistema? ¿Cómo identificar un movimiento social antisistémico? Algunos criterios de fácil aplicación, que transforman en categorías analíticas la propia experiencia histórica (de las revoluciones de 1848, pasando por la Commune de París de 1871, a los Soviets rusos de 1905 y 1917, el movimiento consejista europeo de entreguerras a experiencias extraparlamentarias en Europa y América Latina) podrían ser los dos siguientes: En los contenidos y en la forma de la acción, que cuestionan el fundamento de la dominación tal como se la conocía y aceptaba. Un indicador poderoso es la no-negociabilidad de los objetivos principales y la profunda incompatibilidad de las formas de acción de masas adoptada por el 15M respecto a los mecanismos que aseguran el poder en la organización del estado liberal y la hegemonía de los intereses dominantes en el sistema político (bipartidismo imperfecto); quizá el elemento más revolucionario y de ruptura sea la idea asamblearia, el esbozo de una democracia directa a través de la autogestión como la apropiación social de los medios del poder. Las asambleas no sólo no deben ser reducidas a foros de discusión, juntas de fomento vecinal o a escenarios psicodramáticos de elaboración colectiva de duelos sino hay que profundizar no sólo en su aspecto organizativo, hasta ahora menoscabado, sino en su propia filosofía de vida. Asumamos como desafío la idea de autogestión que nos propone el 15M, que no es otra cosa que la gestión de la sociedad por nosotros mismos: ¡la autodeterminación! Lo que caracteriza a esta autogestión naciente en las asambleas es que fue, antes que la línea correcta de un gurú de un partido o la reglamentación de un teórico de la Nueva Clase, producto reflexivo de un movimiento social. “Es” movimiento antes de ser doctrina o manual municipal, como lo fue la idea comunal, el Soviet como institución ex ante Stalin, los consejos obreros entre 1917 y 1939 e incluso la corta pero enriquecedora experiencia asamblearia de Argentina en 2001 y 2002. Es una práctica social, se constituyó como tal y define una identidad política lo bastante fuerte para que pueda hablarse hoy, en Madrid (¡más de 140 asambleas barriales deliberando!), Barcelona y Sevilla al menos, de una corriente autogestionaria. Esta identidad asamblearia se da sobre una doble negación simultánea: contra la vía formal y bipartidista de la Nueva Clase pero simultáneamente contra la vía burdamente parlamentarista que ha seguido la izquierda institucional española hasta el momento. ¿La cesura entre izquierda social y política podría cerrarla la aparición y consolidación del Movimiento 15M? Las asambleas, sin sospecharlo, se convierten así en el único ámbito social en el que es posible imaginarse una sociedad ampliamente democrática que niega la alternativa, falsa por otro lado, entre adaptarse al viejo Estado capitalista o ponerle algún parche institucional. En este sentido la República de las Asambleas, que se pretende extender a barrios y pueblos cercanos, además de ser una crítica demoledora al “Capital-Parlamentarismo” como representación formal de nuestros intereses, no es, ni puede ser, so pena de vaciar de contenido su esencia, una mera extensión del “sistema” a las esferas locales, ni la simple corrección de los principios burocráticos del socialismo de Estado. Según información de la Comisión de Extensión de la Puerta del Sol, las asambleas tendrán una estructura horizontal, con moderadores que irán rotando para evitar que nadie acumule demasiado poder y todas ellas se reunirán periódicamente en otras zonales y generales a las que acudirán portavoces, un cargo que también será rotativo, para llevar las propuestas que surjan en sus barrios y municipios y poner en común las de todas las asambleas. Les llaman “puntos de unión” del Movimiento. La asamblea es una idea no-política nueva, como lo fue en su época el anarquismo o el socialismo o el comunismo. Daremos seis puntos concretos de pensar cómo podría funcionar esto en una nueva sociedad de iguales, en una democracia real: 1) La asamblea como autogestión es una idea radicalmente nueva. No es una rehabilitación cosmética de la vieja dimensión cooperativa o economicista del viejo socialismo. Se sostiene en la cuestión del poder. 2) La asamblea como autogestión es puro y crudo realismo democrático, se arraiga sobre la vivencia de los desastres del ejercicio formal y vacío del “Capital-Parlamentarismo”. Su problema a superar es la crisis de las condiciones de la representación política burguesa, la falsa conciencia de la delegación burguesa y la separación entre economía y política (eje del dominio clásico del capital). 3) La asamblea como autogestión se define como la apropiación social de los medios enajenados del poder en nombre de la sociedad entera. No se limita a la mera cuestión económica. 4) La asamblea como autogestión es una estrategia, no una táctica circunstancial. Propone un plan de largo alcance de apropiación total y completa de los instrumentos de poder y de autovalorización de las propias masas, del pueblo. 5) La asamblea como autogestión es un objetivo, una meta final. Permite superar el debate entre reforma o revolución, definiendo una problemática política de la experimentación social que supera lo que entendemos habitualmente por “político” en el sistema liberal. 6) La asamblea como autogestión, por sus propias implicaciones y consecuencias deseadas, está vinculada al establecimiento de modos “autónomos de generar la riqueza, de entender el trabajo y de repartir sus frutos”. Es una superación de la forma de entender la relación entre la economía y la sociedad. La asamblea como modelo de comunidad no sólo se distingue por su temperamento político postpolítico sino por su técnica revolucionaria. El 15M ha llegado a la idea asamblearia en un puñado de días. La misma idea de acción extraparlamentaria se ha trasladado al ritual electoral liberal: Izquierda Unida ha subido de manera significativa (aunque no espectacular). Además indirectamente ha subido la participación y el voto se ha repartido entre partidos pequeños, generalmente de centro e izquierda, sin representación parlamentaria. Se trata de una nada despreciable 19,73%, dentro del cual la mayor parte de los votos se concentran en 33 formaciones, algunas tan grandes como UPyD, que suma 465.125 votos (2,06%), aún siendo una versión más tibia del neoconservadurismo, y otras tan pequeñas como Compromiso con Aragón (4.035 votos; 0,02%); pero es importante destacar que hasta el 7,48% de ese porcentaje residual está a su vez repartido bajo el nombre burocrático de “Resto”, que suma 4.740 concejales y 1.688.378 votos. Y hay que señalar que por primera vez en la historia democrática española se ha producido una de las subidas más espectaculares que han registrado estas elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo ha sido la de los votos nulos y en blanco, que han totalizado cerca de un millón de sufragios. Esto significa que hubo antimilitancia inteligente: un 4,24% de los electores se han molestado en ir a las urnas para no apoyar a nadie, todo un récord. De ser una fuerza política, la coalición blancos + nulos sería la cuarta más votada, por delante de Convergència i Unió (3,46%), y por detrás de Izquierda Unida (6,31%). En concreto, los votos en blanco han aumentado un 0,62% –de 1,92% a 2,45%–, su resultado más alto en democracia, y los nulos en algo más de medio punto –de 1,17% a 1,69%–. El 15M ha logrado aumentar un 37%, en comparación con los anteriores comicios, el voto protesta (blanco/nulo). Algo así precedió a la rebelión social en Argentina en 2001. Otro ejemplo antisistémico instintivo del Movimiento 15M es el objetivo de derribar sin contemplaciones la antipluralista y perversa Ley Electoral diseñada en la transición, fuente de la legalidad y respaldo constitucional del “Capital-Parlamentarismo” español. El secreto está encerrado en la consigna aparentemente trivial de “¡Lo llaman democracia y no lo es!”. Hasta qué punto la nueva clase política ha previsto que el ataque frontal a ese mecanismo significa el derrumbe del sistema que se han apresurado ha reformarla en silencio y secretismo, en un giro más reaccionario todavía, mediante la Ley Orgánica 2/2011 que levanta aún más barreras a cualquier nueva opción política que pueda surgir de la sociedad civil. Otro artificio legal “liberticida”, que vacía más de contenido nuestra democracia liberal formal, escrito en el lenguaje esópico de la nueva clase, que demuestra que son expertos en crear y reformar leyes que cada vez cuesta más interpretar y sobre todo comprender su aplicación y efectos en nuestras vidas. Ya decía el sabio filósofo Spinoza que el poder es poder porque puede dominar a capricho la “interpretación” final de la Ley. La nueva democracia real y social que se plantea todavía no tiene nombre, algunos le llaman “deliberativa”, otros “permanente”, otros la palabra maldita para el sistema: “directa”. El Movimiento 15M ha comprobado en carne propia que todos los órganos de la forma-Estado actual en España se convierten en oídos, ojos, brazo y piernas por medio de los cuales puede oír, ver, tener ganancias extraordinarias, imponer, defenderse, anticipar y evolucionar el interés egoísta del gran capital. Existe, por sobre todas las cuestiones, un análisis del sistema de producción y de la estructura de generación de la riqueza; en los documentos públicos más difundidos, el Movimiento 15M se balancea programáticamente entre un modelo reformista redistributivo, una añoranza por el viejo Welfare State o el modelo socialdemócrata nórdico, pasando por propuestas de nacionalización radical, cooperativismo y autoadministración, hasta cuestionar los costos negativos y reaccionarios que genera los requisitos de la nueva acumulación que pretende la burguesía española desde 2008, es de decir se pone en cuestión la misma ley del valor. Todos ellos apuntan al corazón mismo del extremista neoliberalismo de la burguesía española y la forma-Estado del regimen que domina España. Su gasto público social, que incluye el gasto en servicios públicos del Estado del bienestar (tales como sanidad, educación, y servicios sociales, entre otros) y transferencias públicas a personas (tales como pensiones de vejez y otras), es el más bajo de la UE-15. Un 27,9% del PIB, en comparación con el 33,8% promedio de la UE-15 para 2009. Si escogemos otro indicador, gasto público social por habitante (7.180 euros estandarizados), estamos también a la cola de la UE-15 (cuyo promedio es 9.189 euros estandarizados). Y si analizamos el porcentaje de la población adulta que trabaja en los servicios públicos del Estado del bienestar vemos también que tal porcentaje, el 9%, es el más bajo de la UE-15 (el promedio es 15%). En Suecia, el país que tiene el Estado del bienestar más desarrollado en la UE-15, tal porcentaje es el 25%, es decir, uno de cada cuatro suecos trabaja en tales servicios. España no llega a uno de cada diez. El Movimiento 15M instintivamente ataca este estado de cosas, esta vieja relación de fuerzas que está llevando a la precariedad, la ruina y la miseria a las clases populares: España, ya lo señalamos, tiene la más baja movilidad social de toda Europa. El 15M sabe intuitivamente pero con claridad, que estamos inmersos en una crisis de acumulación histórica del capitalismo español. Nada raro, el capitalismo en sí mismo es “conexión de crisis”, las crisis tienen su causa en una insuficiente valorización del capital, que a su vez es el resultado de una tendencia al descenso de sus ganancias, sus profits. O sea: que la salida de la crisis sólo puede ser superada, desde el punto de vista del “sistema”, por una reconfiguración de la valorización del capital, ergo: por el restablecimiento de una tasa de beneficio más alta o adecuada para que se reinicie de nuevo la acumulación (los “brotes verdes” de Zapatero). Y que esta lucha que vemos en plazas y calles de España es por cómo será su salida hacia otro período de expansión del capital, de quienes serán sus ganadores y perdedores, ya que la recesión capitalista en España no es un fenómeno natural, sino de naturaleza bien política. El manifiesto original, leído en la Puerta del Sol el martes 17 de mayo, señalaba: “Estamos aquí porque queremos una sociedad nueva que dé prioridad a la vida por encima de los intereses económicos y políticos. Abogamos por un cambio en la sociedad y en la conciencia social.” O el grito de un participante a una asamblea: “¡Las personas están por encima de la rentabilidad de las empresas!” Un ataque frontal al poder financiero español y europeo, al capitalismo de casino, y además se exige en sesiones asamblearias redistribuir la riqueza mediante impuestos más progresivos, incluso establecer la Tasa Tobin sobre movimientos de capitales. Se cuestiona la base de la ley del valor capitalista española: el miserable salario mínimo interprofesional fijado por el Estado (“¡Violencia es cobrar 660 euros!”), lo que significa que se ha develado que el salario es la única mercancía (que además genera valor) en el capitalismo cuyo precio no es libre, ya que debe fijarse despóticamente en función de la necesidad de valorización del capital, y que al mismo tiempo representa la proporción miserable de la mera reproducción básica de la fuerza de trabajo. España tiene los salarios más bajos, y con mucho, de toda la UE-15. Y no está nada errado: ¡el salario medio en España (descontando inflación) de 1995 era casi el mismo que en 2011! De 1996 a 2004, las rentas del trabajo como porcentaje de la renta total descendieron, pasando de representar el 66% al 61%. Fue el descenso más acentuado (después de Alemania) de tales rentas del trabajo en la UE. Los beneficios empresariales aumentaron durante tal período un 73% (más del doble de la media de la UE-15, que fue de un 33%), mientras que los costes laborales crecieron sólo un 3,7% (cinco veces menos que en la UE-15, un 18%). No es casualidad que la otra cara de ello sea que España (presentada frecuentemente en la ideología neoliberal como una nación de gran laxitud e indisciplina laboral) es uno de los países en los que los trabajadores trabajan más horas al año: 1.654 horas, muy por encima del promedio de los países de la OCDE, 1.628 horas. Bajos salarios, precariedad laboral y superexplotación intensiva (lo que se conoce como plusvalor absoluto). Esto significó que durante el período de dominio político pendular PP-PSOE España tuviera el mayor crecimiento de la productividad. Por ejemplo, en el período 2007-2009 fue el mayor crecimiento (5,4%) de los países de la OCDE, cuya media fue de -1,1%. Incluso en España la fuerza de trabajo está más explotada (es más “productiva” en la jerga tecnócrata) que en Japón o Nueva Zelanda. El Movimiento 15M se lo pregunta: ¿cómo puede ser que los salarios del 90% de la población laboral española hayan crecido tan poco cuando el PIB se ha más que doblado durante estos últimos 30 años? Si la riqueza total generada en España ha aumentado más del doble, ¿cómo puede ser que el crecimiento salarial haya sido tan escaso? El Movimiento 15M toca otro elemento arcano del capitalismo: los límites de la jornada laboral, la última Thule de los empresarios, como le llamaba Marx usando una metáfora que significaba una frontera inquebrantable, al afirmar que debe impulsarse una “reducción de la jornada de forma que todo el mundo pueda disfrutar, pensar y conciliar su vida personal con la vida laboral, sin reducción de sueldo. Esta reducción permitirá un reparto de tareas que acabará con el desempleo estructural”, con lo que se quiebra el misterioso y desigual intercambio entre el alma del capital (dinero) y la mano de obra. Es que si el trabajador puede decidir sobre su jornada de trabajo y consumir para sí mismo el tiempo a su disposición, “roba” al capitalista. El Movimiento por sí solo ha descubierto una auténtica antinomia: derecho contra derecho, signados ambos de manera uniforme por la ley de intercambio mercantil. Entre derechos iguales decide siempre en la historia la fuerza. Lo que desde un punto de vista aparece como autovalorización de las masas y explotación excesiva de fuerza de trabajo, es desde el otro valorización de mis intereses como capitalista (el mercado). En este caso también el Movimiento va más allá al tocar, con el ataque al “desempleo estructural”, otro elemento de contratendencia del capital: el ejército industrial de reserva. Para poder moverse libremente, la acumulación capitalista produce de manera constante, antes bien, y precisamente en proporción a su energía y su volumen, una “sobrepoblación” relativa de mano de obra (“desempleo estructural”), un componente humano relativamente excedentario, excesivo para las necesidades medias de valorización del capital y, por lo tanto, superflua. Es una ley perversa de población (no-natural) peculiar del modo de producción neoliberal. Esta sobrepoblación, los superfluos, se convierte a su vez, en cada crisis, en la palanca del nuevo ciclo de ganancias y en condición de existencia de tales ganancias. Es el material humano explotable y siempre disponible para el hambre voraz de dinero del sistema. Otros puntos a destacar de su programa mínimo es la importante percepción que la forma-Estado capital-parlamentaria (el “sistema”) funciona con una lógica que convierte a la autoridad aparentemente “objetiva e imparcial” (por ejemplo el Poder Judicial) en servidora de las necesidades del gran capital. En ningún país europeo se juzgaría y destituiría a un juez por intentar investigar los crímenes de una dictadura más sangrienta que la de Mussolini. Se critica el llamado postfordismo, las nuevas relaciones sociales de producción basadas en la ultraproductividad, creciente precariedad y en la segmentación profunda del mercado de trabajo, y se desea eliminar la separación entre la economía y la política, incluso interviniendo en el Shangri-La del capital, en el seno mismo de las empresas (“fiscalización a las grandes empresas para asegurar que no cubren con trabajadores temporales empleos que podrían ser fijos”). Otros puntos a destacar de sus reflexiones y propuestas son el decrecimiento como punto central (“El sistema económico no puede estar basado en el crecimiento indefinido”), así como claras tendencias de quiebre de estructuras monopólicas u oligopólicas (“Evitar los monopolios en la distribución garantizando el acceso de todos los productores), con lo que se ataca el rol del crédito (la banca) como máquina específica para la concentración de los capitales más poderosos. La emancipación humana nada tiene que ver con la mera emancipación política. El 15M lo sabe y el sistema también. 1 15 de mayo de 2011, Nicolás González Varela . Ensayista, editor, traductor y periodista cultural. Estudió Filosofía y Psicología y ha enseñado Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires y trabajado en Extensión Universitaria. Fue traductor de Heidegger y Pessoa, entre otros. Autor de diversos artículos en revistas de Europa y Latinoamérica, así como de estudios sobre Arendt, Blanchot, Heidegger, Engels, Graves, Marx, Pound, Spinoza. Colabora en distintos medios impresos y digitales de actualidad y cultura. Libros: Nietzsche contra la Democracia (Montesinos: Barcelona, 2010); Ezra Pound, Guía de la Cultura (Capitán Swing: Madrid, 2011, edición y estudio preliminar), Karl Marx, Cuaderno Spinoza (Montesinos: Madrid, 2011, edición, traducción y estudio preliminar). Actualmente trabaja en un libro sobre Heidegger y la política. http://www.herramienta.com.ar/printmail/1493

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