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viernes, 15 de mayo de 2020
sábado, 9 de mayo de 2020
Sinderesis. Pino Pascucci
UN POQUITO DE SINDÉRESIS.
En mi humilde parecer, estimo que en política no está de más una dosis de Sindérisis.
Al respecto compartiré lo que dice el Glosario de filosofía cuando refiere que la
Sindérisis es una palabra de origen griego, syntéresis, de synterõ, conservación, conservar. Palabra también del latín de la Edad Media que alude al discernimiento, al sentido común, algo ausente por cierto en muchos momentos y en no pocas acciones y conductas.
Syntéresis es también discreción, que al derivar de Sytéreo nos indica prestar atención, observar. Me permito añadir: observar con inteligencia y mucho sentido crítico y autocrítico, importante todo esto para la praxis política y para el liderazgo exitoso.
También se dice de la Sindéresis que "es la capacidad del alma para poder diferenciar el bien del mal", saberlo distinguir sin que ello signifique un dilema maniqueo, reduccionista. Cierto es que la política es de una complejidad tal que trasciende simplismos y la Sindéresis es un buen recurso en incontables situaciones.
Agréguese que, igualmente, en un sentido filosófico la Sindéresis también constituye una adecuación o capacidad que permite "captar y reconocer los primeros principios morales". Estos últimos tan ligados al ethos vital. La ética, lamentablemente, ha sido preterida en la política y vista con poco aprecio en ciertos procederes.
Algunos se han empeñado en querer divorciar la política y la ética. Al respecto el filósofo centroamericano Serrano Caldera ha dicho que en la polis griega " "...era un sin sentido la existencia de la política sin la ética, porque toda política debe ser una una ética en su desarrollo".
Por su parte, los Escolásticos se referían a la Sindéresis para recordar que los seres humanos estamos en capacidad de distinguir lo bueno de lo malo. Los Escolásticos le otorgaban al mal un valor absoluto, por consiguiente, dada la capacidad racional que naturalmente tenemos, el mal se ve casi que intuitivamente. Del mismo modo, en forma natural, también, hacemos uso de los principios del razonamiento, entre los que se encuentra el principio aristotélico de "no contradicción".
Creo que toca hacer mucha reflexión, propiciar unidad, grandeza, abandonar la autoliquidación y asirse a una buena dosis de sindérisis para no ser vencidos por las contradicciones.
Saludos afectuosos,
Pino Pascucci.
miércoles, 22 de abril de 2020
A propósito de la pandemia. Lo que estamos viviendo es muy serio. D. Pino Pascucci
A PROPÓSITO DE LA PANDEMIA.
LO QUE ESTAMOS VIVIENDO ES MUY SERIO
Pino Pascucci S.
Es curioso que la lógica de la guerra fría no ha sido superada en la mente de algunos gobernantes, líderes y analistas que todo lo reducen a la dicotomía de esa confrontación.
Pienso que el mundo tiene problemas graves que nos colocan en un plano ético:
*Democracia versus autoritarismo (este último del color que sea y en nombre de la ideología que sea).
*Relaciones mundiales ganar ganar o ganar perder con los consiguientes conflictos, des-balances y guerras.
*Inclusión sin exclusión o pensamiento único y exterminio del otro como expresión de racismo en todos los órdenes.
El terrorismo conceptual es terrible porque no termina de admitir que estamos ante un cambio de época. Suele ser recurrente en la historia de la humanidad esta negación a aceptar los cambios. En la Edad Media, por ejemplo, "IL Rinascimento" descolocó a muchos y las hogueras se multiplicaron hasta que la propia realidad apagó sus ardientes brasas.
Un filósofo argentino que leo y admiro escribió un libro intitulado Una Ética para el Siglo XXI. Ese filósofo se llama Osvaldo Guariglia. Él señala que esa ética no es otra que la de los Derechos Humanos, esos que nosotros como abogados sabemos que corresponden al más alto nivel de evolución y civilidad que encarna el Derecho como opción inteligente para la solución de los conflictos, tal y como fue proclamado en Roma al ser establecido como "IUS EST ARS BONI ET AEQUI", EL ARTE DE LO BUENO Y DE JUSTO, por consiguiente, esencia epistemológica del Derecho.
Ese legado de Roma al mundo es la clave: "Ubi homo, ibi societas. Ubi societas, ibi ius" (dónde está el hombre, está la sociedad. Dónde hay sociedad hay derecho). Lo demás es la autodestrucción.
La gente sencilla del mundo está demostrando que en el planeta hay lugar para todos, que nos necesitamos todos, que es posible un mundo de progreso y prosperidad a partir de otros paradigmas económicos, sociales y políticos fundados en la corresponsabilidad, más allá de individualismo con sabor a eutanasia social y colectivismos absurdos, asfixiantes y finalmente genocidas.
miércoles, 8 de abril de 2020
Reflexiones de Mauricio Ardilla de la comunidad de los Muiscas (Colombia).
Mauricio Ardilla Mamo (sabio) de la comunidad de los Muiscas (Colombia)
“En estos días he estado consultando el territorio y revisando sobre la situación actual. Hay mucho miedo, rabia, tristeza, etc. dando vueltas que a veces no nos permite ver la oportunidad que tenemos en frente. Por cientos de años, si no miles, la humanidad se ha ido alejando cada vez más de un orden, centrándose cada vez más en las leyes humanas creyendo poder desde ahí regirlo todo. Pero hay un Orden Mayor, una Ley Mayor, que es superior a la de la humanidad. Esa ley permite un orden del todo, entre todo, y por el bienestar de todo. Al ser un orden que viene del Origen, se rige por pilares fundamentales muy simples. La manera como se manifiesta ese Orden Mayor en cada territorio, es la Ley de Origen de cada pueblo. Es la manera local en que se viven esos pilares fundamentales simples a través del territorio local. Desde nuestro territorio de origen Muisca, leemos que uno de los pilares fundamentales de ese orden mayor son siete estados, que para nosotros es el Primer Acuerdo. Esos siete estados son: Humildad, Honestidad, Respeto, Verdad, Sabiduría, Fortaleza, y Amor. Son la aseguranza que surge de la primera relación, de la dualidad como fundamento de la creación, que ordena esa y cualquier relación. Es decir, es la posibilidad que tenemos de vivir ese Orden Mayor a través de nuestras relaciones.
Con el tiempo, la humanidad al alejarse del Orden Mayor, empezó a irrespetar las casas de todo… los tiempos de todo. Comenzó a volar las montañas, a correr los ríos, a trancar las aguas. Se invento relojes y tiempos, extendió el día con la luz artificial, esclavizo animales y plantas, aguas y fuegos, tierra y aire para su beneficio. Creó sistemas políticos y económicos desde y para los humanos, se inventó dioses a nuestra imagen y semejanza, y desde ahí, creyó poder regirse y regirlo todo. En pocas palabras, secuestró la casa, casa que era y es de todos. La humanidad, dejó de escuchar a todos, a madre y padre, al Orden Mayor, y se centró en escucharse a sí mismo. Y la mayoría dejo de escuchar el consejo.
Hace unos 15 años, en una reunión de abuelos en el Amazonas, se nombraba que las medicinas tenían que volver a su casa. Que era el momento que cada pueblo revisara su casa. Hace unos seis años, en una reunión acá en nuestro lugar de origen Muisca, 28 abuelos de los pueblos ancestrales colombianos, desde la consulta, llegaban a la misma conclusión. Cada pueblo tiene que ir a ordenar su casa. En los pueblos de Norteamérica, igual salía el mismo consejo. Por años algunos abuelos de los pueblos de la Sierra Nevada, de la cordillera de los Andes, del Amazonas, de Centroamérica, de Norteamérica, han estado compartiendo un llamado a hacer cambios desde ese Orden Mayor.
Como cualquier sistema natural, es un sistema flexible que respeta los tiempos de cambio, de ajustes, de modificaciones, que se adapta, que está vivo. Es el resultado de infinidad de relaciones entre las partes que lo componen, y está constantemente en evolución. Cuando se registran hechos que alteran ese orden natural de cambios continuos, el sistema reacciona. Es como si en nuestro cuerpo a la cabeza se le ocurriera robarse la sangre de las arterias porque quiere más sangre para su desarrollo, sin importar que esa sangre es el alimento para todo el cuerpo, para cada órgano, que tiene una función para todos. El cuerpo reaccionará de alguna forma para compensar este atropello. Igual se sentirá este cuerpo que es el todo, específicamente este cuerpo que es el planeta y sus relaciones, cuando robamos el agua sin importar que está en relación de bienestar con todos los seres.
Hoy, estamos siendo obligados a una cuarentena en nuestras casas por un virus que aparece. Veo entonces, una oportunidad para hacer la tarea. Revisar y ordenar la casa. Pero no solo la casa física. Ordenar la Casa. Desde el Orden Mayor.
Todo tiene que volver a su casa, a ordenar su casa, cada uno a revisar su casa. Las medicinas deben volver a su casa. Las religiones deben volver a su casa. Los sistemas políticos y económicos deben revisarse. Deben revisarse y reordenarse desde ese Orden Mayor. Pasarlo todo por esos siete estados. Idealmente, sería volver a vivir cada uno desde la Ley de Origen que le corresponde, respetando y tejiéndose con las leyes de origen de otros. En un principio, sería ideal volver a sembrar lo que uno come, vestirse con lo que uno teje, y hacer la casa con el material donde va a estar, pidiendo permiso y agradeciendo. Pero esto va a ser difícil si no imposible ahora para muchos. Pero igual se debe comenzar a caminar hacia el sueño. Se puede. Se debe. Uno de los cambios profundos de seguir ese Orden Mayor, es pensar comunitario y no desde el bienestar individual, de una familia, grupo, comunidad humana en particular. Comunidad con todo. Por el bienestar de todo.
Para nosotros, el seguir ese orden mayor implica un ordenamiento. La primera casa que continuamente hay que ordenar es el individuo. Yo. Cómo estoy pensando? Qué estoy alimentando con la palabra, con mis acciones? Cómo estoy cuidando mis relaciones? Cómo cuido mi agua, mi fuego, mi aire, mi tierra? Qué decisiones estoy tomando? Se parte esa revisión desde lo cotidiano… Es ahí donde hay que hacer la tarea. Por años se pensó hacerlo desde los espacios ceremoniales. Hay que volver a que lo cotidiano es una ceremonia constante. Todo es sagrado. Y desde lo cotidiano, cuidar la palabra… cuidar el pensamiento. El pensamiento crea, alimenta y la palabra lo pone en movimiento. Estar atento, por ejemplo, a palabras como todos, siempre, nunca, jamás. Los absolutos pueden esconder juicios. Cómo hablo del otro? De qué patrones culturales participo que no están alineados con ese Orden Mayor? Estar atentos a lo que participo. Cada vez que compro algo, qué estoy alimentando? Empezar por conseguir el alimento de la siembra local. Lo de la casa. Por qué hay mangos en invierno en países con estaciones? Qué implica tener ese mango ahí? Comenzar a respetar los tiempos. Comenzar a escuchar a los otros. A todo. Cambiar diferencias por diversidades. Saber que no puedo hablar desde la verdad como si la poseo. Si no de una parte que es mi vivencia, y desde la relación con otros, desde esos siete estados, poder sentarnos a escuchar para entre todos conocer un poco mas de esa verdad. Volver a escuchar es la tarea ahora.
La segunda casa es la pareja. Compañero o compañera. Y ahí hacer la misma tarea. Pasar mi relación por el filtro de esos siete estados. Me relaciono con el otro desde la humildad, honestidad, respeto, sabiduría, fortaleza, amor y verdad? Realmente estoy escuchando al otro o me estoy escuchando a mí mismo? Estoy pegando con la palabra? Mi relación está basada en condiciones? Vivir desde esos siete estados no esta condicionado a nada. Se entrega amor sin esperar amor. Se entrega respeto sin esperar respeto. La tarea personal no esta condicionada si el otro la hace o no. Si los gobiernos lo hacen o no. Eso es tarea del otro, pero no se puede negociar mi tarea si el otro no la hace. En la pareja, hay que cuidar y alimentar ese espacio desde esos siete estados, porque es lo que nos permite llegar a acuerdos en la diversidad.
La tercera casa es la familia, y se multiplican las relaciones que hay que estar atentos. Cómo estoy relacionándome con los hijos/as, padre, madre, tías, tíos, primos, abuelos/as etc? Cada una de esas relaciones, revisarlas desde esos siete estados. Qué les estoy transmitiendo? Cómo estamos educando a los hijos/as? Transmitimos lo que somos, lo que vivimos, en lo cotidiano. No desde la palabra. Es desde la vivencia.
La cuarta casa es la comunidad. Qué estoy haciendo por mi comunidad? Cómo estoy participando de la creación y qué hago por el bienestar de los demás? De nada sirve estar bien como individuo y no entregarlo al servicio. Participo desde lo que soy y hasta lo que soy. El tejido real no solo es desde la palabra, es desde el escuchar… Se habla mucho, pero se escucha poco. Hay que revisar las estructuras sociales, económicas, políticas y de justicia desde ese filtro de esos siete estados. Los espacios que hemos creado para llegar a acuerdos, para andar en el camino del bienestar, están viciados de ego, de poder, de miedo, de rabia, de la visión limitada del bienestar para el ser humano. Preguntarnos si en el senado, los concejos, las juntas de acción comunal, los juzgados, las presidencias, que son los espacios de donde salen las leyes humanas, se revisan y se aplican, donde llegamos a acuerdos para el bienestar de todos, están en la humildad, la honestidad, el respeto, la sabiduría, la fortaleza, el amor y la verdad? Igual hacerlo con las estructuras económicas, las estructuras sociales y culturales. Idealmente, las directrices que deben seguir estas estructuras humanas deben direccionarse desde la lectura de la ley de origen. Eso implica una consulta constante por quienes tienen la capacidad de escuchar el Orden Mayor desde el territorio, que dicta el qué hacer. No es solamente una decisión humana, es una dirección, una decisión, que tomamos a partir de un orden mayor.
La quinta casa es el territorio. El territorio es un contenedor, un espacio un cuerpo vivo donde se manifiestan y viven las relaciones entre todo lo que lo compone. Cada piedra, cada árbol, cada pozo, cada río, cada persona, cada animal, cada planta… cada uno de los elementos influye y es influido por el otro en el tejido del territorio. Cada uno tiene su función. Cada uno es esencial. Cómo estoy cuidando las infinitas relaciones que hay en el territorio? Con las aguas, la tierra, las piedras, las plantas, los bosques, los animales, etc? Estoy respetando sus casas, sus tiempos? Es una relación utilitaria? (Lo cuido porque me sirve, lo necesito) No se trata de cuidar el “medio ambiente” como algo que cuidar porque lo necesitamos, porque nos sirve.
La sexta casa es nuestra relación con el Orden Mayor. Es eso que algunos llaman lo “espiritual”, lo “sagrado”. La palabra deja de tener sentido cuando vivimos que todo es espiritual. Todo viene del mismo origen. Del mismo padre y madre. Todo es sagrado. Tenemos la oportunidad de revisar nuestra relación con esta casa. Se han escrito libros, se han seguido personas y sus ejemplos, se ha dejado pintado en las piedras, dejado su sonido en los cantos, su memoria en las semillas, su fluir en las aguas, su luz en los fuegos, su aseguranza en las familias. Todos tenemos acceso a leer, a relacionarnos, con ese orden mayor. No es de algunos especiales, de algunos escogidos, de algunos iluminados. Es desde la vivencia propia, no desde la palabra prestada, que quisiéramos relacionarnos con esto. Quienes han tenido la vivencia de ese Orden Mayor, tienen la responsabilidad de acompañar a otros a que lo vivan, no a transmitir la palabra, no a enseñar, no a separarnos de vivirlo, no a crear intermediarios, no a entregarlo desde el conocimiento. La tarea es acompañar. Y para hacerlo, es necesario recuperar hacer silencio. Esa es la sabiduría. No está en el conocimiento. Está en el silencio. Y una vez esa relación se vuelve propia, se vuelven a revisar las casas, pues las preguntas qué resolver son constantes. Quién soy y cuál es mi función desde esa relación con el Orden Mayor. Es reconocer dónde es mi asiento, dónde acompaño. Desde……………, acompaño a los hijos/as como padre o madre, a la pareja, a la comunidad, al territorio. Pero desde quien soy. Todos podemos. El que siembra desde el campo. El que comparte desde la educación. El que se entrega desde las medicinas, como médico. El que se sienta a hacer la tarea con el territorio, a la lectura del orden. Todos podemos. Y cuando el asiento propio está claro, no hay que buscar nada más. Desde ahí, podemos participar del orden del todo.
El camino de regreso va a ser largo, para algunos doloroso, e implica cambiar patrones de vida para pensar en el bienestar de todo, por el orden del todo, desde la lectura, no la interpretación, del Orden Mayor a partir de la Ley de Origen de cada uno. Es el momento para hacerlo con rigor, no rigidez. No podemos darnos el lujo de no hacerlo. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de ser como el adolescente que está empeñado en acabar con la casa sin escuchar el consejo. Y finalmente, nos terminarán expulsando de la casa.”
miércoles, 25 de marzo de 2020
La economía después de la catástrofe. Atilio Boron
La economía después de la catástrofe. Atilio Boron
La Gran Depresión de los años treintas arrastró en su caída la ortodoxia liberal cuyos puntales eran la división internacional del trabajo entre países avanzados y la periferia capitalista productora de materias primas; el patrón oro; y la doctrina del laissez-faire que consagraba la primacía absoluta de los mercados y, como contrapartida, el “estado mínimo” que se limitaba a garantizar que aquéllos pusieran bajo su órbita los más diversos componentes de la vida social instaurando, de hecho, una verdadera “dictadura libremercadista”. Pero a fines de 1929 estalló la Gran Depresión y el mundo que emergió de las cenizas de la crisis fue muy distinto: la división internacional del trabajo comenzó a desdibujarse porque algunos países de la periferia iniciaron un vigoroso proceso de expansión industrial. El patrón oro fue reemplazado, luego de un turbulento interregno que concluiría recién con el fin de la Segunda Guerra Mundial, por el dólar, que se instituyó como moneda universal de cambio porque en ese momento no había ninguna otra que pudiera competir con ella habida cuenta de la destrucción originada por la guerra. Y, lo más importante: los mercados fueron sometidos a una creciente regulación por parte de los gobiernos, lo que llevó a trastocar una asimetría que si antes había sido enormemente favorable a los mercados pasó a serlo a favor de los estados. Consecuentemente, el gasto público requerido por las nuevas demandas de una ciudadanía movilizada y empoderada por las luchas contra la depresión y la reconstrucción de la posguerra hizo que el tamaño del estado en relación al PBI creciera de manera notable, como lo demuestra la siguiente tabla. .
Gasto total de los gobiernos, 1900, 2919, 1975
(como % del PIB)
1900 1929 1975
__________________
Alemania 19.4 14.6 51.7
Reino Unido 11.9 26.5 53.1
Estados Unidos 2.9 3.7 36.6
Japón 1.1 2.5 29.6
Fuente: IMF Data,Fiscal Affairs Departmental Data, Public Finances in Modern History.
Las cifras son elocuentes y nos ahorran la tarea de acudir a complicadas argumentaciones para demostrar la enorme magnitud del cambio experimentado por el paradigma de gobernanza macroeconómica del capitalismo después de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Alemania más que triplicó el gasto público entre 1929 y 1975; el Reino Unido lo aumentó poco más de dos veces y Estados Unidos y Japón ¡casi diez y doce veces respectivamente! Más estado que mercado para sostener el proceso de democratización y ciudadanización de la posguerra. Salud, seguridad social, educación, vivienda y todos los bienes públicos que debe ofrecer el estado fueron los motores que impulsaron la creciente centralidad del estado en la vida económica y social.
Pero eso no es todo: otro aspecto a ser resaltado es que una vez agotado el ciclo keynesiano en 1974/75 y producido el nefasto retorno del liberalismo (ahora edulcorado con el prefijo “neo”, para engañar a los ingenuos que era una fórmula novedosa) en ninguno de esos países el estado se redujo al nivel que tenía en vísperas de la Gran Depresión, revirtiendo la radical gravitación adquirida en sus economías. El ritmo de crecimiento se desaceleró y el gasto público se redujo, de modo más pronunciado en Gran Bretaña (con el Thatcherismo) y Alemania (con la engañifa de la “tercera vía”) y menos en Estados Unidos y Japón. Pero aún así en el 2010 estos cuatro países todavía estaban, en lo que hace al tamaño del estado, muy por encima de los niveles que exhibían durante el apogeo del liberalismo en las primeras tres décadas del siglo veinte. Incluso tomando en cuenta los recortes que tuvieron lugar en los últimos diez años hay todavía en ellos mucho más estado que lo que había en 1929.
¿Cuál sería la conclusión a extraer de este análisis?
Que la pandemia que hoy azota al planeta va a tener un impacto igual o mayor al que en su momento tuvieron la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Los capitalismos europeos y estadounidenses, que ya venían dando claras señales de acercarse a una inminente recesión, serán arrasados por el efecto económico de la actual catástrofe sanitaria. Y la salida a esa crisis tendrá como uno de sus signos distintivos la bancarrota ideológica del neoliberalismo, con su estúpida fe en la “magia de los mercados”, en las privatizaciones y desregulaciones, y en la presunta capacidad de las fuerzas del mercado para asignar racionalmente los recursos. Esto obligará a una profunda revisión del paradigma de las políticas públicas, comenzando por la sanidad e inmediatamente después por la seguridad social como preludios a lo que será la batalla decisiva: poner bajo control al capital financiero y su red global que asfixia a la economía mundial, provocando recesiones, aumentando el desempleo y disparando a niveles extravagantes la desigualdad económica. Un capital financiero ultraparasitario que financia y protege a las mafias de “guante blanco” y que, con la complacencia o complicidad de los gobiernos de los capitalismos centrales y las instituciones económicas internacionales, crean las “guaridas fiscales” que facilitan el ocultamiento de sus delitos y la evasión tributaria que empobrece a los estados privándolos de los recursos necesarios para garantizar una vida digna a sus poblaciones.
Ese es el mundo que se vendrá una vez que la pandemia sea un triste recuerdo del pasado. Claro que para ese momento las fuerzas populares tendrán que estar muy bien organizadas y concientizadas (y articuladas internacionalmente) porque estos cambios no vendrán como el obsequio de una burguesía imperial arrepentida de sus crímenes y deseosa de abandonar sus privilegios sino que deberán ser conquistados a mediante grandes movilizaciones y luchas sociales para imponer un nuevo orden económico y social poscapitalista. Habrá que tener valor para pelear por la construcción de ese nuevo mundo pero también inteligencia para estimular la conciencia crítica de las grandes masas populares y evitar que caigan, una vez más, en las trampas que los hechiceros del neoliberalismo ya están preparando. Ellos tienen muy claro su objetivo: después de la pandemia, que todo siga igual. Nosotros debemos estar dispuestos a enfrentarlos y encargarnos de lograr precisamente lo contrario: que nada siga igual, alumbrando con nuestras luchas y nuestra conciencia los contornos de la nueva sociedad que pugna por nacer. Una sociedad, en fin, en donde la salud, los medicamentos, la educación, la seguridad social, la vivienda, el transporte, la cultura, la comunicación, la recreación, el deporte y todos los componentes que hacen a una vida digna dejen de ser mercancías y adquieren su imprescindible condición de derechos universales. Y esta será una gran oportunidad para intentarlo.
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